Fiedler y los nuevos mutantes, 1965

Espurio como todo origen, en aquel año de quiebre de 1965 el escritor y crítico norteamericano Leslie Fiedler da a conocer “The New Mutants”, un texto clave en el que fusiona posmodernismo, incidencia de lo femenino, cf (cultura de masas), mito y marxismo.[1] Fiedler es uno de los baluartes –junto con Susan Sontag e Ibn Hassan- de la crítica cultural asociada al posmodernismo (Huyssen 2006: 324-5).[2] Y aunque tanto Huyssen (2006: 316) como Anderson (2000: 22-23; 89) señalan que Fiedler fue uno de los primeros que detectó la existencia de una literatura posmoderna y que alentó el uso de prefijos post como forma de revisar categorías modernas, su figura ha permanecido opacada.[3]

Leslie Fiedler (1917-2003) fue una personalidad polémica. En los años cuarenta llevó adelante una extemporánea afiliación –en el contexto norteamericano- al trotskismo (su tesis de doctorado es una lectura marxista de Chaucer). Durante la Segunda Guerra formó parte de la Armada de los Estados Unidos como traductor. En la posguerra se distanció del comunismo y a fines de los años sesenta enfrentó problemas judiciales por tenencia y consumo de drogas. Sin embargo, los “escándalos” más interesantes tienen que ver con sus ideas sobre literatura. En 1948 Fiedler publica su primer trabajo crítico en Partisan Review -“Come Back to the Raft Ag´in, Huck Honey!”- en el que propone como tema recurrente en la literatura norteamericana las tácitas relaciones homoeróticas e interraciales de los personajes. Las narrativas de Fenimore Cooper, Melville y Twain presentan mundos nostálgicos y propios de la infancia en los que se repite un arquetipo: el amor mutuo entre un joven blanco y uno de color (en la historias de Mark Twain, Huck and Jim).[4] Como sugiere Posnock (2003) décadas antes que los estudios culturales y queer se convirtieran en la ortodoxia “…Fiedler discussed the erotics of race and the dynamics of guilt and love between oppressor and oppressed.” Fiedler re-narra el mito de la amistad masculina en la literatura norteamericana y lo presenta como un amor homosexual atravesado por una estructura de clase. En 1960, toma como base ese (polémico) artículo y lo desarrolla en el volumen Love and Death in American Novel. La novedad con respecto a 1948 es el uso de los géneros populares, en particular el gótico, como herramienta crítica. [5] En el “Prefacio” a la segunda edición (1966) advierte que “…Love and Death can be read not as a conventional scholarly book –or an eccentric one- but a kind of gothic novel…”. El uso de los géneros populares -asociado con el de los arquetipos- confluye en un trabajo a partir del mito.

En 1965 Fiedler por medio de un mito posmoderno / de cf hipotetiza en “The New Mutants” qué estaba sucediendo en esa nueva época. A continuación me centraré in extenso en la argumentación de Fiedler para luego conectarlo con mi planteo.

{Paráfrasis} La literatura posee una serie de funciones que varían de época en época. Unas son reconocidas y otras permanecen invisibilizadas. El período actual es consciente de la función que cumple la literatura con respecto al tiempo. La literatura crea un pasado, ilumina el significado del presente y muestra una función revolucionaria y profética encargada de concebir un futuro y de prepararnos para habitar en él. Aunque con una existencia de larga data, sólo en los últimos años la literatura de cf logró desplazarse desde la periferia al centro del canon literario (avanzando sobre el terreno del gótico y del policial). La preeminencia de la cf, evidente en la cultura pop, la convierte en clave para comprender la época actual caracterizada por un marcado desinterés hacia el pasado y el presente.

El objetivo de Fiedler no es analizar la relación cf / literatura posmoderna [post-Modernist literature], sino indagar en un mito común a ambas: el del fin del hombre o de la transformación del humano. La cf permite detectar de qué manera el homo sapiens -a causa del impacto de la tecnología y de la transferencia de funciones humanas tradicionales hacia las máquinas- se transforma en algo que podría denominarse “mutante”.

Fiedler ve en las manifestaciones estudiantiles (por ejemplo, las de Berkeley 1964-1965) una lucha por los derechos civiles, la libertad de expresión, Vietnam, y, al mismo tiempo, un ataque a la versión burguesa-protestante de hombre que las universidades tratan de imponer basada en la racionalidad, el deber, la madurez, el éxito. Los mutantes defienden la prolongación de la adolescencia (y del ocio) y rechazan la escuela, el trabajo, la razón.[6] La esencia de su estilo de vida es ser indiferente. Los nuevos irracionales celebran la desconexión como una de las consecuencias del sistema industrial que les ha liberado del trabajo y del deber. Esta postura de “desprendimiento” presenta matices religiosos (los post-modernistas son en algún sentido “místicos”), pero no cristianos. El cristianismo es una ideología blanca y, para el nuevo bárbaro, un post-humanista, ser blanco es aceptar una construcción que proyecta mitológicamente todo lo “repudiable” sobre el hombre de color. Los chicos del futuro quieren ser hombres nuevos no sólo sintiéndose más negros que blancos sino también, y por sobre todo, más femeninos que masculinos. El objetivo es asimilar la otredad: la suma de aquellos elementos psíquicos desechables que los herederos del Renacimiento identificaron con “mujer”. Esto sucede en sociedades altamente industrializadas post-protestantes en las que, las funciones consideradas por trescientos años como masculinas, devinieron obsoletas.[7] En los Estados Unidos, por ejemplo, las máquinas se desempeñan mejor que los humanos en actividades agresivas y productivas que antes eran consideradas la razón de ser del hombre: trabajar y repartir la muerte a mano. Esta pérdida impactó en la ´fe´ del hombre sobre su capacidad para conquistar a la mujer. Si bien los críticos literarios hablaron durante las últimas dos décadas sobre la conversión del héroe literario en antihéroe, no atendieron su metamorfosis en un no-hombre. Este anti-hombre no es ni impotente ni homosexual: se trata de un hombre más seducido que seductor, más pasivo que activo. En un mundo post-humanista, post-masculino, post-blanco, post-heroico (y post-judío) los jóvenes buscan determinar no sólo qué significados puede tener “amor”, sino qué significados poseen “masculino” y “femenino”.

La metamorfosis radical del hombre occidental implica el retiro de la agresividad masculina hacia la seducción femenina plasmado en el estilo denominado “camp”. El estilo camp, aunque invención de los homosexuales, es otra estrategia de los varones heterosexuales para establecer una nueva relación con las mujeres y con su propia masculinidad. Esto desconcierta no sólo a los más viejos, sino también a las jóvenes que apenas entienden qué sucede y observan esto con su mirada esquizoide, un sello de los nuevos tiempos.

La rebelión contra la masculinidad tradicional se conecta, además, con el culto a las drogas. Las drogas son el quid de la revuelta futurista. Implica la adopción de un modo de existencia antipuritano -hedonista e indiferente- planteado como una guerra contra el tiempo y el trabajo, decisión en la que el macho busca cooptar para sí privilegios tradicionales de la hembra: ¿qué es más femenino que permitir la penetración en el propio cuerpo de un objeto extraño que da placer y genera nueva vida? El LSD le da a los post-puritanos la locura necesaria para destruir en ellos el orden interno restrictivo que de algún modo sobrevivió a la disolución del orden externo. Los futuristas ven en la locura la posibilidad de escapar a la lógica. El esquizofrénico es el nuevo héroe cultural que reemplaza al sabio. Los poetas, los adictos y los esquizofrénicos –en sus relatos sobre los “lugares” donde han estado- sugieren que el nuevo mundo para los hombres del siglo XX se descubre por la conquista del espacio interior, por una aventura del espíritu. Los vuelos hacia el espacio exterior –la Luna, Marte- son metáforas inconscientes y análogas a los viajes de exploración realizados durante la ruptura del Renacimiento de cuyas consecuencias los jóvenes ahora buscan desesperadamente escapar.

“The New Mutants” da cuenta de cómo se implican mutuamente posmodernismo (y todas las instancias post-) y cf por medio de un mito en común: la transformación del hombre. Fiedler detecta que esos nuevos mutantes van contra la racionalidad tal como se la construyó a partir del Renacimiento, es decir, van contra los mitos de la modernidad. El origen de esa virulencia radica en una nueva etapa del capitalismo. Al trasladarse el poder de producción y de agresión a las máquinas, lo masculino pierde sus prerrogativas y comienza a adoptar formas que tradicionalmente pertenecían a la mujer. (Como se verá con Frye, en el núcleo del mito que cristalizó la modernidad se funden pareja heterosexual y trabajo.) El gesto teórico-ideológico de Fiedler es ambiguo. Los nuevos mutantes adoptan para sí las características de la otredad configurada por la racionalidad moderna, lo negro y lo femenino, pero en el fondo su mirada sobre ese fenómeno es conservadora. Con su constante tono irónico, Fiedler parece no estar plenamente de acuerdo con los movimientos juveniles y se lamenta por la pérdida de un mundo en el que el hombre occidental / racional era el centro.[8] El propio Fiedler comentaría unos años más tarde que su artículo fue “immensely ambivalent and much misunderstood” (la remisión a un adicto feminizado por la penetración de la sustancia que da placer y genera vida es ambivalente). Sin embargo, su lucidez sobre el fenómeno post– es inestimable: la ingerencia del arte pop y de la sensibilidad camp asociada a la pérdida de los valores tradicionalmente masculinos [9]; la conexión de esto con el fin de un período al que cabría denominar capitalista (Jameson veinte años después relacionaría posmodernismo con capitalismo tardío); la emergencia de miradas esquizofrénicas (el mismo Jameson hablará de esquizofrenia asociada a un mundo post); y la pertinencia de un mito –el de los mutantes- que genera una nueva identidad en la que las dicotomías racional / irracional, blanco / negro, masculino / femenino, madurez / inmadurez han sido problematizadas. Un mito surgido de la cf es la herramienta para comprender esas nuevas identidades. Fiedler detecta, por medio de una nueva mitología post-, que la expansión del mundo occidental durante el Renacimiento (origen del capitalismo y de la modernidad) es re-narrada a través de las crónicas de viajes al espacio interior (origen del post-capitalismo y de la post-modernidad).[10]

Notas:

[1] “Conferencia sobre la Idea de Futuro” impulsada por Partisan Review en la Universidad de Rutgers. El ensayo en el ámbito hispanoamericano ha sido escasamente transitado (no he hallado versión castellana). De la extensa obra de Fiedler sólo un par de volúmenes fueron traducidos al español hace más de treinta años.

[2] Sontag funciona como contrapunto de Fiedler. Existe una evidente concordancia temática entre “The New Mutants” (1965) y la tríada “Notas sobre lo camp” (1964), “La imaginación del desastre” (1965) y “Una cultura y la nueva sensibilidad” (1965). No sucede lo mismo con los puntos de vista. El tono algo sombrío de Fiedler en sus referencias a lo camp, contrasta con el celebratorio de Sontag. Por su parte, la cf para Sontag es un género popular interesante, pero como blanco de ataque. ¿Qué hizo tan famoso al ensayo de Sontag y tan poco conocido al de Fiedler? La respuesta tal vez venga por el lado del conservadurismo en ciernes del segundo.

[3] Calinescu (2003) también lo considera por sus repetitivos post– aunque se encarga de rastrear otros textos anteriores que optan por el prefijo. Ni Jameson ni Haraway, al menos en los textos a los que accedí, lo mencionan productivamente. Los mutantes de Fiedler y el cyborg de Haraway tienen puntos de contacto ineludibles. Ketterer (1999: 111-135) los desarrolla en un artículo sobre Fiedler y la cf.

[4] Fiedler define archetype como “a coherent pattern of beliefs and feelings”.

[5] Fiedler considera a la cf como una forma “neogótica” (Ketterer 1974: 32-33). Ketterer (1974) se sorprende de la ausencia de un enfoque crítico sobre la cf contemporánea teniendo en cuenta que “parece estar acercándose a la ´corriente principal´ de la literatura.” Ketterer (1974: 7-8) supone que “la naturaleza particularmente norteamericana de la cf constituye un territorio virtualmente inexplorado”.

[6] Un símbolo de esta negación de la continuidad cultural es el abandono de la escuela.

[7] Movimiento estadounidense que se extiende a las chicas yé-yé de Francia. Sontag hace la misma referencia en “Notas sobre lo camp”. Por ciertos rastros textuales parece que Fiedler conocía ese ensayo.

[8] Ketterer (1999: 111) indica que con nuevos irracionales Fiedler se refiere a los hippies de los sesenta. El posmodernismo se caracteriza “por una imaginación temporal [con] un fuerte sentido de futuro… de la ruptura y la discontinuidad, de la crisis y del conflicto generacional…” (Huyssen 2006: 329).

[9] Sobre arte pop y sensibilidad camp, Hyussen (2006), Speranza (2000), Amícola (2000).

[10] Ketterer (1974: 36-37) continúa a Fiedler: si el descubrimiento de América significó un apocalipsis para la mente (W. Blake), la llegada del hombre a la Luna fue un apocalipsis filosófico (N. Mailer).

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