Frye: mito y géneros en Anatomía de la crítica,1957 – 1977

La obra Northrop Frye –Anatomía de la crítica (primera edición, 1977)- permite clarificar por qué el mito es una plataforma más que adecuada para pensar cuestiones de gender, es decir, por qué feministas como Butler y Haraway se valieron de él y por qué –una nueva prueba- mito y cf (géneros populares) se atraen de tal manera. Los cuatro ensayos que componen el volumen conocieron versiones preliminares a partir de la década del cincuenta (lo que destaca aún más su productividad para procesos que habrían de desarrollarse años después). Cada uno de esos ensayos presenta respectivamente una teoría de los modos, una de los símbolos, una de los mitos y una de los géneros. Frye utiliza el término mito en dos sentidos.

En su primera acepción es uno de los ´cinco modos ficcionales´ que en conjunto conforman la (historia de la) literatura: 1) mito (historia de un dios); 2) romance (un héroe que realiza acciones maravillosas como en la leyenda, los cuentos populares, etc.); 3) modo mimético elevado (un héroe superior a los demás hombres como en la épica y la tragedia); 4) modo mimético bajo (un héroe ´normal´; comedia, ficción realista); 5) modo irónico (un héroe inferior al resto de los hombres; sátira). La sucesión de cada uno de los modos implica un desarrollo histórico desde la antigüedad hasta el presente (a grandes rasgos, el mito corresponde a la época clásica y el modo irónico a la actualidad), pero no una ´evolución´. Para Frye la literatura es un sistema que funciona en ciclos. Cada modo surge de la suma de sus propias características y de las de los estadios anterior y posterior: “La ironía desciende del mimético bajo… y se desplaza hacia el mito y vuelven a aparecer en ella velados perfiles de ritos sacrificatorios y de dioses que mueren. Nuestros cinco modos giran evidentemente en círculo.” (1991: 65) Este giro surgido de una mezcla gradual refuerza aún más la conexión cf / mito[1]

“…la literatura popular parece desplazar lentamente su centro de gravedad de las historias de asesinatos a las de ciencia ficción… La ciencia ficción trata a menudo de imaginar lo que sería la vida en un plano tan alejado de nosotros como nosotros lo estamos del salvajismo… Resulta así un modo del romance con una fuerte tendencia inherente al mito.” (1991: 73)

En la lógica de Frye, la cf es un romance (un héroe realiza acciones maravillosas) con tendencia al mito (ese héroe se sacrifica en nombre de la sociedad como un dios).[2] Más adelante veremos de qué manera influye en el par romance (cf) – mito la dualidad intrínseca héroe / dios.

Esta concepción circular de la literatura, contra la idea romántica de originalidad, hace que cada obra sea una nueva manera de combinar elementos (1991: 92). [3] Un texto individual se conforma a través de un corpus determinado de símbolos, arquetipos, convenciones y, en consecuencia, toda narración es una re-narración. Esto implica una revalorización de los géneros populares. Si todo nace de las mismas convenciones, se borran las fronteras entre literatura culta y literatura popular (1991: 141). La literatura convencional ingenua usa los arquetipos y la literatura experimental intenta complejizar ese uso (aunque toda ruptura es una convención más). Por eso “lo erudito y lo sutil…. lo primitivo y popular, tienden hacia un mismo centro de experiencia imaginativa.” (1991:157) El uso explícito de los arquetipos le da a la literatura popular un tono primitivo desdeñado por la élite. Con el paso del tiempo se convierte en “raro” (adquiere la dignidad de lo arcaico) y la literatura culta decide recrear a la literatura primitiva. Por eso, contra las jerarquías canónicas: “el centro del universo literario es cualquier poema que estemos leyendo….” (1991: 162)

La afirmación –cualquier obra puede considerarse centro del sistema– no es llevada a sus últimas consecuencias y por esa grieta se filtra la dimensión social, el ´humus´ para una perspectiva de gender. Aunque Frye en ningún momento considera que la literatura copia la realidad social ni siquiera que es determinada por algo exterior -“la literatura se conforma a sí misma… las formas de la literatura no pueden existir fuera de la literatura…” (1991: 132)- a partir del concepto de arquetipo se introduce la variable social. Al narrar –al actualizar un arquetipo en la narración- vuelve al presente “un acto ejemplar”. La narración es un rito que toma a la experiencia humana como un todo y que tiene como contenido el deseo (acto ejemplar = lo que debería ser). El deseo que escenifica la literatura es el anhelo de lograr una civilización cuya herramienta principal es el trabajo: “La visión arquetípica de la literatura nos muestra la literatura como una formal total y la experiencia literaria como parte del continuum de la vida, en que una de las funciones del poeta consiste en visualizar las finalidades del trabajo humano.” (1991: 155)

En la literatura, mediante el deseo escenificado por un rito, la civilización establece lo aceptable y lo rechazable (1991: 144-145). La estructura verbal que comunica ese rito es el mito en su segunda acepción. Mythos es la trama fundamental que incluye otras cuatro tramas genéricas: romance, tragedia, comedia, ironía. Cada uno de estos mythoi son momentos de un mito unificador: el romance es el agon, la tragedia el páthos, la ironía el spăragmós y la comedia la anagnórisis (1991: 209 y ss.). [4] Si en algún momento Frye presenta una perspectiva que rompe con las jerarquías, establece luego que en la cultura occidental existe una obra particular que cumple con todas esas condiciones. La Biblia “es un mito definitivo, una única estructura arquetípica que va de la creación al Apocalipsis.” (1991: 417) [5] Si la Biblia es el acto máximo de creación, la literatura es un instrumento para revisar la acción del trabajo en la creación de una civilización. Y si, en última instancia, el mito es una herramienta que comunica al conjunto social qué sería lo deseable para establecer una civilización y qué lo indeseable (según la dicotomía bien vs. mal), al erigirse la Biblia como la estructura arquetípica fundamental –al menos para la civilización occidental- se instala el imperativo heterosexual por medio del mito de la creación del Génesis. Trabajo productivo e imperativo heterosexual son intrínsecos al mito (tan sólo recordar el argumento de Fiedler: si traslado el poder de la fuerza del hombre a la máquina, al mismo tiempo que el hombre deja de trabajar, abandona su masculinidad). Aparecen en el núcleo más íntimo del mito -en particular de la modernidad- dos supuestos, uno de clase y otro de género. Frye nunca dice que los arquetipos que componen la literatura son universales, sin embargo, considera que algunos sí deberían funcionar para todos por tratarse de aspectos fundamentales del género humano: los símbolos de la comida y de la bebida, los de la búsqueda y del viaje, los de la luz y de la oscuridad, “…y los de la satisfacción sexual, que adoptan habitualmente la forma del matrimonio” (1991: 159). Frye no habla de matrimonio heterosexual, pero da pistas. El mito –la literatura- indaga qué es lo deseable (lo apocalíptico) y qué lo indeseable (lo demoníaco) para una sociedad. El patrón mítico apocalíptico, el deseable, incluye dioses y cielos. El patrón mítico demoníaco, indeseable, abarca demonios e infiernos (1991: 186). Ambos patrones conllevan la satisfacción de tres tipos de deseos: el individual, el sexual y el social. En el demoníaco, la satisfacción del deseo sexual se da por el lado de lo no deseable: el incesto, el hermafroditismo y la homosexualidad (1991: 196-198). Se supone que lo deseable para la civilización es lo opuesto.

La literatura es otra de las herramientas que posee la sociedad para determinar qué es aceptable y qué no en una civilización. El mito de la Biblia concentra en sí los elementos que luego se despliegan en la literatura y cuenta que la condición para la civilización radica en el doble mandato de trabajar y construir una familia –en el sentido de pareja heterosexual. Por lo tanto, si el mito es el nido del mandato heterosexual (y de la relación entre capitalismo y sociedad patriarcal), hacia allí apuntan las lanzas posmodernas. Para ahogar al mito en su propia sangre es necesario volver a contarlo. A continuación dos movimientos en ese sentido, Butler y Haraway.

Notas:

[1] Frye distingue entre modos ficcionales trágicos y cómicos, y ambos se mueven en círculo.

[2] Sociedad que permite la muerte de un dios tiende al salvajismo. Es interesante la proporcionalidad de la definición: el mundo de cf es al nuestro lo que nuestro mundo al salvajismo y, en consecuencia, cf se identifica con salvajismo. Esto explicaría por qué la historia de King Kong es de cf (incluyendo identidades sexuales problemáticas como la zoofilia) así como ese mundo del planeta de los simios.

[3] Frye presenta sus teorías como constructos ahistóricos inconducentes para problemáticas de gender. En realidad, Frye intentar salvar esa ahistoricidad: “…los principios de la narración permanecen constantes a través de [los modos], aunque se adaptan [al contexto social]” (1991: 77).

[4] El romance es la trama representativa. Su forma es la búsqueda y su elemento central la aventura En él se cumplen los deseos de una sociedad: el héroe (un ideal) enfrenta a un villano. (1991: 245-271).

[5] Cada símbolo funciona como una mónada “por estar todos los símbolos unidos en un símbolo verbal infinito y eterno que es… como mythos el acto total creador” (1991: 162).

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