Huyssen: el desplazamiento Alemania – Estados Unidos, 1986

El posmodernismo fue un fenómeno eminentemente norteamericano. Un conjunto de desplazamientos desde Europa hacia los Estados Unidos –sobre el que volveremos- es intrínseco a su desarrollo (Huyssen 2006: 325-329).[1] Con el posmodernismo “…el modernismo [modernism], la vanguardia y la cultura de masas [entraron] en un nuevo marco de relaciones mutuas y de configuraciones discursivas…” (2006: 11).[2] Ese nuevo marco es la superación del abismo establecido por el modernismo entre ´alta cultura´ y ´cultura de masas´ y la recuperación de la alianza entre estética y política que las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo XX impulsaron en su anhelo por la transformación de la vida cotidiana (2006: 24-25). Aunque Huyssen no lo enuncie así, el nuevo sistema de relaciones es una forma de re-narrar las configuraciones cristalizadas del modernismo que presentaban a la cultura de masas como “lo otro reprimido…, el fantasma familiar que ruge en el sótano” (2006: 42). La revalorización de la cultura de masas convirtió “en obsoleta la empresa misma de la vanguardia” (2006: 24-25) y le otorgó el primado a la “industria cultural” que absorbió las invenciones técnicas y artísticas de aquella (2006: 39). Frente al habitual desprestigio de la cultura de masas por su carácter mercantil, Huyssen se encarga de resaltar una fase crítica positiva.

La tecnología “jugó un –si no el– papel crucial en la tentativa de la vanguardia por superar la dicotomía arte / vida…” y, a su vez, fue fundamental para una cultura de masas “…impensable sin la tecnología del siglo veinte” (2006: 29). En el contexto del modernismo, los temores masculinos sobre una otredad destructiva asociaron naturaleza, tecnología (máquina) y mujer como elementos que podían escapar a su control (2006: 129; 137). Durante el siglo XX la ´alta cultura´, ligada a lo masculino y a lo burgués, vio en “las masas” –en sus dos acepciones de cultura y de conglomerado de habitantes- rasgos femeninos peligrosos para “el orden racional” (2006: 104). En consecuencia, el posmodernismo al reconsiderar la cultura de masas (insuflada por la tecnología), revalida el lugar de la mujer propiciando que emerja el carácter crítico del posmodernismo: “…la crisis posmoderna del modernismo y sus análisis clásicos debe ser entendida como una crisis tanto de la modernización capitalista como de las estructuras profundamente patriarcales que la sustentan” (2006: 112) El feminismo cuestionó “los supuestos que vinculaban al modernismo y a la vanguardia con la mentalidad de la modernización” (2006: 312- 315). Esa mentalidad, en concreto, es el repositorio de los mitos de la modernidad

“Es… a la luz de la crítica ecológica y ambiental del capitalismo industrial y postindustrial, y de la… convergente crítica feminista del patriarcado burgués, que se torna visible la oculta connivencia entre el modernismo y el mito de la modernización.” (2006: 109)

El feminismo –encargado de re-narrar los mitos de la modernidad- no es otra consecuencia del posmodernismo

“…la tentativa de los posmodernistas norteamericanos de los años sesenta de repensar la relación entre arte elevado y cultura de masas consiguió su propio momento político en el contexto de la emergencia de los nuevos movimientos sociales, entre los cuales el feminista ha tenido acaso el efecto más duradero en nuestra cultura, puesto que atraviesa los problemas de clase, raza y género.” (Huyssen 2006: 117)

Feminismo, cultura de masas y tecnología en el contexto del posmodernismo aparecen dentro de un nuevo relato. Huyssen no se ocupa de la cf, pero es evidente que subyace a esos elementos. La cf pertenece a la cultura de masas; la cf configura sus mundos narrativos en base a desarrollos tecnológicos; la cf –como el feminismo- desfamiliariza los contextos históricos y remarca su carácter opresivo (Hollinger 2003). La cf, entonces, debería ser el vehículo ideal para volver a narrar los mitos de la modernización.

Notas:

[1] Sobre el posmodernismo, la incidencia norteamericana, Jameson, etc., ver Amícola (2000: 37-48). Se volverá sobre estos desplazamientos a la hora de pensar Pubis angelical de Puig.

[2] Huyssen es el único autor que distingue entre modernism y avantgarde (Amícola 2000: 109).

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